Sobre las recientes manifestaciones de protesta en Brasil
Por: MESA DE ARTICULACIÓN
Por Ivo Lesbaupin, presidente de la Asociación Brasileña de Organizaciones No Gubernamentales (ABONG)
* Exclusivo para Acción desde Río de Janeíro. Reproducir citando la fuente / Traducción: Gabriel Sanhueza
La coyuntura política que estamos viviendo es muy significativa. Pero empezó hace algunos meses y parece que se vincula a la preocupación del gobierno actual de continuar en el poder, ganando las elecciones presidenciales de 2014. Junto con él, fue desencadenado el esfuerzo por la ampliación de las alianzas: de un lado, concesiones cada vez mayores al agronegocio – de tal modo que parece que el agronegocio participa del gobierno. De otro lado, concesiones al sector de religiosos fundamentalistas para garantizar los votos de sus bases. De ahí, el ofrecimiento de la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados a un fundamentalista, el abandono de las cuestiones que se refieren a derechos sexuales y reproductivos y a la campaña contra la homofobia.
Los pueblos indígenas.
El gobierno expresó, a través de la ministra jefe de Gabinete, Gleisi Hoffmann, lo qué pensaba sobre los pueblos indígenas: son un obstáculo para el “desarrollo”, es decir, los concibe como un estorbo que debe ser enmarcado o apartado.
Para enfrentar a los pueblos indígenas se dictó un decreto que permite el uso de la Fuerza Nacional. Cuando éstos ocuparon el sitio donde se construye la represa de Belo Monte, se envió a las tropas. En este campo, la actitud del gobierno es una repetición de la postura de la dictadura cívico-militar del año 1964.
La creciente reacción de diversos sectores por la defensa de los derechos de los pueblos indígenas (y de la Constitución de 1988), llevó al gobierno a iniciar una “retirada táctica”: financió el viaje de 140 indígenas a Brasilia, para negociar con el Ministro de la Secretaría General de la Presidencia de la República. El diálogo rápidamente reveló lo que en realidad era: los indígenas podían expresar sus pensamientos, pero el gobierno no daría pie atrás en la decisión de construir la represa. Pueden hablar, pero no pueden decidir de una manera diferente a lo que el gobierno ya ha determinado -y ha decidido, en común acuerdo con los sectores que lo apoyan: contratistas, empresas mineras, etc., así como los partidos que lo sustentan (el partido de Sarney, etc.).
Una medida provisoria sobre los puertos.
En una actitud inusual, el gobierno jugó todas las cartas en la aprobación por el Congreso Nacional de una medidas provisional a favor de la privatización de los puertos en Brasil (en favor de ciertos sectores privados). Fue la sesión más larga en toda la historia del Parlamento Nacional. Y la presidenta se comprometió personalmente para conseguir la victoria, en una actitud muy similar a la de Fernando Henrique Cardoso para aprobar la enmienda por la reelección, en 1997. Podría decirse que el Congreso se transformó en “una mesa de negocios” donde todo vale para conseguir el objetivo deseado.
Ambas posturas – tanto en relación con los pueblos indígenas, semejante a la defendida por la dictadura; como la relativa a la privatización de los puertos, que aproxima al actual gobierno al de Henrique Cardoso- significó un giro más a la derecha de lo que había tenido lugar. El gobierno cedió a los intereses de la agroindustria, por un lado, y a los intereses privados por el otro.
El movimiento por el pase libre.
Los movimientos de protesta contra el aumento de los pasajes urbanos venían ocurriendo en Sao Paulo y, en menor medida, en algunas otras capitales, pero en un grado más restringido. La violencia de la represión durante la manifestación del jueves13 de junio provocó un mar de reacciones desde todos lados. No sólo en Brasil, sino en muchos otros países, brasileños y no brasileños protestaron y se solidarizaron con los jóvenes de São Paulo. No recuerdo haber visto una reacción internacional tan amplía a un evento ocurrido aquí.
Las manifestaciones programadas para el lunes 17 de junio recogieron el resultado de esta indignación. Salieron a las calles los que estaban en contra del aumento de los pasajes, los que estaban a favor de la tarifa cero, pero también una multitud de personas indignadas por la represión, que querían defender el derecho democrático a la protesta. Cada cual con sus reivindicaciones específicas, muy variadas, como el excesivo gasto en el Mundial de Fútbol al servicio de los intereses privados de la FIFA; por una mayor inversión en salud y educación (políticas sociales nada satisfactorias); y en contra de la Propuesta de Enmienda Constitucional, PEC, conocida como la enmienda de la impunidad, entre varias otras reivindicaciones.
El hecho que en estas manifestaciones esté la presencia masiva de personas que anteriormente no estaban en las calles, es algo muy positivo. Personas antes muy pasivas se sienten de pronto motivadas, hasta el punto de dejar su rutina normal y salir a protestar.
Esto pone de manifiesto una insatisfacción contenida y que ahora se expresa. Es un descontento por el costo de vida revelado en el precio del transporte, por el transporte insuficiente y de mala calidad, por el precio de los alimentos, pero también por la forma en que se está desarrollando la política en el país en los últimos años. La crítica es a la falta de representación de los partidos políticos, que aparecen cada vez más subordinados al poder ejecutivo; a la aceptación de la compra de votos; a la negación de su papel como legisladores y supervisores del poder ejecutivo y el poder judicial; a la falta de fidelidad con sus programas y, por lo tanto, con sus representados.
Es cada vez más difícil distinguir un partido de otro, cada cual se vende según su conveniencia. Cada vez es más difícil distinguir PT de PSDB en las políticas públicas ni frente a las privatizaciones – que eran el símbolo de la diferencia- hay posturas diferentes.. En nombre de esa “gobernabilidad” el gobierno hace alianzas de la A a la Z, desde Sarney y Renan Calheiros hasta Collor y Maluf.Si el 90% de los líderes partidarios de la derecha hace parte de los aliados del gobierno ¿cómo este gobierno va a hacer una política de izquierda? ¿Cómo va a luchar contra la corrupción si quiere mantener sus aliados corruptos lejos de cualquier proceso judicial?. ¿Cómo va a defender los derechos que antes defendían si su preocupación es asegurar, a cualquier precio, el voto de los sectores religiosos fundamentalistas?
Existe una insatisfacción generalizada contra el método autoritario de gobernar, que impone políticas a seguir y que no pueden ser negociadas, excepto por los poderosos. Las políticas se determinan según los intereses de quienes financian las campañas electorales y cuyos intereses no pueden ser contrarrestados. Es por eso que un parlamentario del PT es capaz de agradecer públicamente a la senadora Katia Abreu, líder de la agroindustria, su esfuerzo para que la medida provisoria de los puertos fuese aprobada.
La posición sobre los últimos acontecimientos en los grandes medios de comunicación cambió como agua en vino, después de la violenta represión que afectó también a algunos periodistas. Los principales medios de comunicación, por supuesto, no tienen interés en la historia de los pasajes: ellos quieren, como “parte de la derecha”, enmarcar, pautear las manifestaciones. La revista Veja llegó incluso a sugerir los próximos temas: la corrupción y el crimen. Esto es parte del juego político y no se puede esperar otra cosa. Pero los manifestantes se niegan a ser apropiados por parte de los partidos políticos, sean los que sean.
La diferencia entre una manifestación encabezada por un grupo organizado por un partido político, y una sin un liderazgo reconocido por todos – aunque empujada por el Movimiento del Pase Libre – es el difícil control de todos los grupos.
Podemos decir que la gran mayoría realizó manifestaciones pacíficas, llegando, el lunes, en el conjunto de las manifestaciones, a 250 mil personas. Finalmente, el movimiento consiguió su reivindicación primera, la revocación por parte de alcaides y gobernadores de estado de los últimos aumentos de pasajes – de buses, metro, trenes. El día siguiente, las manifestaciones eran más de conmemoración: más de 1 millón de personas en las calles. Pero, si la mayoría era pacífica, en algunas ciudades pequeños grupos de personas se destacaron y realizaron actos violentos, actos que salieron del control de aquellos que convocaron a las manifestaciones. Pueden ser expresión de de algún tipo de insatisfacción, o ser gente instrumentalizada por otros, interesados en deslegitimar las protestas, atendiendo a objetivos de derecha. Ciertamente por eso, el Movimiento del Pase Libre decidió (hoy) la suspensión de las manifestaciones.
Una cosa es segura: la gente, sobre todo los jóvenes, no quieren una democracia sólo de voto, quiere participar. Y ahora sabe que, juntos, tienen fuerza.