Mesade articulación

¿Cuál debe ser el enfoque de los ODS?

Helmer Velásquez

Por: Helmer Velásquez

La puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo sostenible,  ha generado al interior de  Movimientos Sociales y  ONG de Desarrollo, un intenso debate sobre los enfoques para la interpretación de aquella agenda. Obviamente surgen tantas lecturas, como líneas de pensamiento, tomen contacto con estos.  Acá algunas referencias: es una agenda para la caridad,  se trata de mínimos posibles para la sobrevivencia, son expresión de la responsabilidad social empresarial, es una cuestión de estadística, se trata del “piso y no el techo” de las necesidades y aspiraciones populares. Un pequeño paso en la lucha contra las desigualdades. Son derechos no dádivas y como tal habrá que demandarlos. El correlato de la concepción que se tenga sobre la agenda, será el  método y el “tono” de su reivindicación.

Así por ejemplo, si nuestro punto de partida es el sistema de derechos humanos, la reivindicación será radical, en fondo y forma: estamos ante  un conjunto de mínimos, absolutamente insuficientes frente a las transformaciones socioeconómicas necesarias para la erradicación de exclusión, discriminación y desigualdades, es decir, el sumun de la lucha histórica de los pueblos, que  corporaciones y aliados político/militares, “prefieren” leer como rebelión y bloqueo al desarrollo. Argumento insustancial, pero muy utilizado hasta nuestros días. Sin embargo, la historia es así y habrá que dejar constancia de ello: los dos primeros  años del acuerdo mundial sobre de los ODS, no han sentado  las bases para el despegue. Al Contrario, el número de personas con hambre,  en el mundo, creció: treinta y ocho millones[1]. Es decir, se revirtió, la tendencia a la baja que la estadística mundial -FAO- reportó en la última década.  La misma FAO atribuye la causa a los conflictos armados y efectos del cambio climático. A ello –nosotros- agregamos el creciente acaparamiento de tierra y agua, en el mundo, durante los últimos decenios.

Este “dato estadístico”, sobre el hambre. Es en términos reales, el continuum de la tragedia humana resultante del  ejercicio –concentrado- del poder político y económico, hecho generador  de desigualdades, a cuyo centro aparecen los actores causales: mega corporaciones,  extrayendo riquezas naturales y mano de obra barata del sur. Obviamente, los gobiernos del  sur y  norte, son corresponsables de la situación. Ambos, excesivamente permisibles con las arbitrariedades empresariales,  en su atropellada carrera por el arrebato de los recursos.  El norte es exigente, cuando “sus”  empresas operan en su propio territorio, exigen altos estándares ambientales, laborales y fiscales. Son -eso sí- extremadamente laxos en la aplicación de aquellos estándares, cuando las mismas empresas, operan en el sur. Su justificación es insustancial: aquellas –las empresas- operan bajo las normas del país receptor. Generalmente débiles  –cuando existen-,  de aplicación irregular, complacientes y con funcionarios susceptibles a la corruptela.

Estamos en momento histórico global, que expresa: mismas desigualdades. Viejas causas. Frente a ello, los ODS son una respuesta de corto alcance. No son –aún con aplicación estricta- solución a las causas profundas de la multiplicidad de pobrezas.  De allí, que asumir la agenda ODS  como los máximos posibles, es llamarnos al engaño. Estamos frente a una propuesta de mínimos para aliviar –si acaso- la exclusión mundial. Qué no para resolverla. Así que corresponde interpretar la agenda ODS, desde la lupa de los Derechos Humanos. Enfoque, que no solamente ubica la “Agenda del Desarrollo Sostenible” en su justa dimensión, sino que la articula con las demandas permanentes de los Movimiento Sociales. No para inmovilizarse. Todo lo contrario, es una base para la movilización exigiendo el exacto cumplimiento –más allá de los ODS-de los derechos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales.  No se trata de renunciar a la propia agenda, para asumir la agenda mundial. Es a la inversa, los ODS  nutren la legitimidad de las luchas de los pueblos.

La paradoja: aún con el mínimo estándar que se contiene en los ODS, en relación a la magnitud de los desafíos del desarrollo, los Estados son reacios a su impulso serio, sostenido y verdadero. No hay sinceridad en su actuar, algunos Estados –a juzgar por los hechos-  se preparan para “maquillar”  informes de cumplimiento. Están más preocupados en ello, que realmente en cumplir. Se restringe la participación de las organizaciones sociales, en los esquemas de impulso y monitoreo de aquella agenda. No existe una dinámica, en los Estados del sur, por nutrirse de fondos, vía reformas fiscales profundas, para el financiamiento al desarrollo. Así que sin recursos dinerarios, políticas orientadas a la erradicación de pobreza y desigualdades y excluyendo a los movimiento sociales de las decisiones públicas, no llegaremos demasiado lejos en las  aspiraciones de la agenda 2030.

 

Nota necesaria: la responsabilidad por los contenidos acá expresados se restringe a quien los suscribe, sin embargo, corresponde señalar que ideas y perspectivas que nutren la nota, son nuestra interpretación de los debates, sobre la cuestión. Organizados por el Foro Internacional de Plataformas Nacionales de ONG –FIP- y  sus asociados del Asia, en Phnom Penh este octubre.

 

[1] FAO/Comité Mundial de Seguridad Alimentaria informe 2017 sobre el estado del hambre en el mundo