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Venezuela: criminalización de una revolución democrática.

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Por: Mesa Articulación

Pese a enormes sacrificios, boicots y todo tipo de presiones externas e internas, los esfuerzos por instaurar un régimen autónomo-popular en la Venezuela Bolivariana avanzan. La irritación y agresión de las capas altas de aquella sociedad, en complicidad, con poderes extrarregionales, empiezan a olvidar las formas. Ante la inexistencia, de insurrección popular contra el gobierno del presidente Maduro, la “oposición” pasa de prácticas democráticas: que privilegian Parlamento y urnas. A una fase abiertamente terrorista. Se trata en Venezuela: de una rebelión sin masas. Acuñada –nada más– en una elite acomodada y pequeños grupos de su periferia. Sin embargo, ante la frustración de la “rebelión” fallida, se intenta un paso al precipicio: la vía violenta para descarrilar el proceso democrático Venezolano. Se olvida –deliberadamente– que el Gobierno venezolano y la Revolución en marcha están legitimados en las urnas.

El sabotaje, no augura primaveras. Sera la instauración de grises. Tempestades. Un cierre de puertas al diálogo político. Las fuerzas democráticas de América Latina debemos condenar aquel desatino. Una degeneración violenta obstruiría los canales democráticos. Por el contrario: la participación de la oposición en las elecciones para instaurar una Asamblea Constituyente, sería lo correcto. Frente a quienes aúpan guerra sucia y boicot a su instalación. Vano intento –a costo muy alto– para no dejar madurar la revolución e impedir que los sectores populares cosechen sus frutos: vivienda popular, tierra para el trabajo, soberanía. Venezuela no es más que la versión siglo XXI de las agresiones que sufrimos los países de América Latina durante el siglo XX. La querida Guatemala, es una muestra de aquellas barbaries. El colonialismo debe quedar en el pasado. Los venezolanos, tienen soberano derecho a escribir su historia con letra propia. En paz, democracia y dentro de los vientos revolucionarios que ellos han creado. Nadie se extraña, que los afectados por la Reforma Agraria en Venezuela, financien asonadas, plebiscitos espurios y critiquen con acritud las jornadas Bolivarianas contra la desigualdad. Su pelea y deleznable guerra sucia, nada tiene que ver con crisis humanitaria alguna. Es la protección de oscuros dineros y “el mal ejemplo venezolano” el que pretenden cortar.

Mal haríamos en favorecer con nuestro silencio o –peor aún– saludar, la acción desestabilizadora de grupúsculos armados, que agreden a la sociedad venezolana y sus instituciones. Inscribamos con voz alta y letra gruesa, nuestra condena al vandalismo desestabilizador y siniestro. Un proceso constituyente, pacífico e incluyente, abre las puertas al debate político, racional y civilizado. Un eslabón más en la construcción del nuevo Estado Bolivariano.

Fuente: Helmer Velásquez- Congcoop

Pese a enormes sacrificios, boicots y todo tipo de presiones externas e internas, los esfuerzos por instaurar un régimen autónomo-popular en la Venezuela Bolivariana avanzan. La irritación y agresión de las capas altas de aquella sociedad, en complicidad, con poderes extrarregionales, empiezan a olvidar las formas.